Líderes Miraístas


 Jorge Muñoz

     
jorgemuozNació en Palmira, Colombia el 23 de marzo de 1964 pero toda su infancia la vivió en Pereira, una pequeña ciudad de Colombia. En 1984, su madre Blanca Doris Zapata se muda a EE.UU. en busca de un mejor futuro para ella y sus dos hijos. Mientras tanto, Jorge y su hermana Luz, dos años menor que él, se quedaron viviendo con sus abuelos maternos, para luego dos años más tarde reunirse con su mamá en Nueva York, Estados Unidos. Con la amnistía de 1986, durante la presidencia de Ronald Reagan, Jorge y su familia adquirieron la residencia y años después, la ciudadanía.

Después de acabar sus estudios secundarios se desempeñó en varios oficios, como mantenimiento de edificios, hoteles, chofer de taxi, etc. En una época tuvo tres trabajos a la misma vez, con el fin de ayudarle a su hermana a sacar adelante sus estudios universitarios. 
Su generosidad innata data desde cuando era niño. Su madre destaca constantemente el buen lado samaritano de su hijo. Recuenta que cuando “Georgie”, como cariñosamente lo llama, tenía 7 años un hombre llegó a la casa pidiendo comida, ella le dijo que no había, pero Jorge sin reparo alguno, le dio su plato de comida sin importarle quedarse con tan solo un pedazo de pan para comer.

Su amor o dedicación no sólo está dirigido a las personas, él también se preocupa por los animales. Ante su sueño fallido de ser veterinario, en cierta manera Jorge vio sus deseos cumplidos cuando en un año recogió 57 perros callejeros y los entregó a un albergue de animales. Dos de ellos, un Labrador y un Pastor Alemán, los conserva en su casa.

El primer plato de comida: una simple casualidad

En el verano de 2004, mientras esperaba a que los 52 niños se subieran al bus que manejaba, Jorge notó que en una compañía procesadora de alimentos que surtía a una aerolínea, botaban a la basura la comida que sobraba, él les pidió que se la regalaran para dársela a personas necesitadas. Los beneficiados fueron tres familias vecinas de mexicanos, ecuatorianos y guatemaltecos quienes recibieron leche, fruta, jugo y 12 bandejas de comida sin preparar. Debido a esta simple casualidad, Jorge Muñoz descubrió el poder de compartir.

Este deseo altruista empezó a tomar fondo y forma por un período de tiempo, cuando una vez iniciada la entrega de comida a familias grandes, el rostro de la necesidad cambió de aspecto el día en que se encontró con un jornalero colombiano, quien le dijo que sólo comía los días en que encontraba trabajo; fue así, como Jorge empezó a repartirle comida a los jornaleros en una esquina  de la ciudad de Queens, en Nueva York.

Un Ángel en Queens

Estos jornaleros trabajan casi 13 horas diarias cuando tienen suerte, ya que la oferta de trabajo es baja y la demanda es intensa; y cuando no hay trabajo, el desespero se apodera de ellos al igual que el hambre. No todos son de México o Latinoamérica, muchos de ellos provienen de diferentes lugares del mundo como Egipto, China, Etiopia, Gran Bretaña; otros son blancos o afroamericanos que perdieron su trabajo, pobres o indigentes en espera de ser contratados el día. Para muchos es la única comida del día, para otros la primera en días, y por esto Jorge se ha convertido en el símbolo de la esperanza para ellos, que con la ayuda de su madre personifica a un ángel guardián.

Aunque su programa de comida no es oficial, esto le da sentido y enfoque a su vida y a la de los que ayuda, “porque aunque llueva, truene o relampaguee, sabemos que Jorge está ahí”, dice uno de los beneficiados. Esto representa un símbolo de satisfacción para Jorge quien dice que con sólo verles una sonrisa en sus rostros, sobra y basta.

Comprometido con la necesidad de los menos afortunados, Jorge Muñoz, un hombre de corta estatura pero de gran corazón, dedica con pasión los 7 días de la semana todas las noches a las 9:30 p.m. a repartir la mayoría de veces platos de arroz, fríjoles y pollo. En los seis años, desde que inició el programa, sólo les ha faltado una vez por culpa de una nevada.

Lo que comenzó con 8 personas que recibían una bolsa con frutas, galletas y jugos tres veces la primera semana, a la siguiente se triplicó, y, seis años después, el servicio de comida gratuita diaria aumentó a más de 170 personas diarias. En el día se cocinan 22 libras de arroz, 20 libras de papa y 60 libras de pollo con un total de más 120 mil raciones repartidas desde su inicio.

El menú varia de acuerdo a las donaciones, la mamá de Jorge es la encargada de variarlo. Los martes cerdo con fríjoles, los miércoles hamburguesa en salsa barbacoa y papas, el jueves pasta con carne; los viernes Jorge recoge waffles y pancakes para servirlos de desayuno a 200 trabajadores todos los sábados en 7 localidades de Queens. Para el menú del domingo él y su hermana preparan 40 sándwiches de jamón y queso.

La Fundación Un Ángel en Queens: Una cuenta bancaria llena de sonrisas

A su programa de comida casera gratis para los jornaleros, que empezó en 2004, Jorge le dio un matiz oficial al crear la Fundación Un Ángel en Queens, Inc., en honor al título que le dio el periodista del The New York Times y que lo hizo famoso.

El apoyo económico y humano lo recibe de donaciones de amigos, admiradores de su obra, empresas y mayormente del dinero que gana como chofer de bus escolar. Los gastos mensuales promedio son de $1,200 que incluyen la comida, la luz y el gas. Esta hazaña colosal la hace dentro de este presupuesto, y desde su pequeña casa que la comparte con su mamá y su hermana, y que la usa como sede, renunciando así a las comodidades y al espacio, para guardar los 3 refrigeradores gigantes en la sala y el comedor, y otros lugares de la casa que los usa como alacena.

Diariamente el teléfono suena decenas de veces, y es que Jorge llama a su mamá para planear los menús de la semana y ultimar detalles pendientes. Un día normal para Jorge es de 14 horas, su rutina diaria empieza a las 4:30 de la mañana para hacer el inventario de la comida y luego se dirige a su labor como chofer, que termina a las 4 de la tarde para dedicarse después junto a su mamá a los preparativos para cocinar y distribuir la comida del día. Con la ayuda de 11 voluntarios, la comida está lista a las 8:30 p.m., hora en que Jorge sale todas las noches en su camioneta blanca para encontrarse con los jornaleros en una esquina de Queens a las 9:30 p.m. Ellos lo esperan con la seguridad que ese día podrán recibir un plato de comida caliente. Su aspiración es seguir creciendo como fundación, y su sueño es llegar a tener una sede propia independiente con todas las comodidades. Por ahora, aunque lo llamen héroe o ángel, lo que más le interesa a Jorge es robarle una sonrisa  al hambre todas las noches…

Jorge y MIRA

Conoció a MIRA en 2007 cuando asistió a un banquete para recaudar fondos para repatriar un cadáver, hecho que lo dejó perplejo debido a la labor social extracurricular del movimiento aún sin estar en campaña política. Después de hablar con Carlos Alberto Baena, presidente de MIRA y conocido como Concejal miraísta de Bogotá en ese entonces, Jorge aceptó su invitación como candidato por una curul en el exterior. Aunque no ganó, dejó un precedente político de la presencia miraísta en el exterior.

En el verano de 2010, Jorge viajó a Colombia por una invitación que le extendió una empresaria de Medellín como orador principal en un evento de COMFAMA. De allí, abundaron las invitaciones por diferentes lugares de Colombia, y aprovechó para participar en la celebración de los 10 años de MIRA, fundado el 26 de julio de 2000. Altos oficiales de varias ciudades de Colombia le hicieron homenaje al héroe y angel de Queens que también fue reconocido por la Medalla Presidencial al Ciudadano otorgada por el Presidente de Estados Unidos Barack Obama.

Su participación como candidato por la Cámara de Representantes de Colombia en el Exterior la realizó para reafirmar el buen nombre de Colombia y por escuchar las necesidades de sus compatriotas. La verdadera misión de este activista social es continuar con el programa de comida a los jornaleros a través de su Fundación Un Ángel en Queens.
La obra quijotesca de Jorge tomó más auge cuando el periodista Adam B. Ellick del The New York Times escribió una historia sobre su hospitalidad con los jornaleros en Queens titulada “El hombre del pollo y arroz” el 25 de noviembre de 2007 y fue él quien le confirió el nombre de “Un Ángel en Queens”, saliendo así, de la caja de pandora con gran proyección mundial. Como consecuencia, Jorge ha recibido numerosos premios e invitaciones  a nivel nacional e internacional.

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